Sur de Finlandia
Nos dispusimos a coger el ferry que nos llevaría de Tallin a Helsinki.
Era uno de estos barcos típicos para turistas con una gran tienda para aprovechar y hacer tus compras libres de impuestos durante el trayecto. Nosotros aprovechamos para ver las vistas y disfrutar del aire del Báltico, aunque he de decir que no era uno de los mejores días, ya que llovía ligeramente.
En Helsinki habíamos quedado con Ángel, un madrileño que nos acogía un par de noches en su casa. Estaba bastante ocupado, ya que es maitre en un restaurante y además le encanta el enduro y aprovecha cada rato libre para ir con sus colegas a los montes cercanos a Helsinki para practicar su deporte favorito.
Nos acompañó para enseñarnos una iglesia muy peculiar que estaba en una roca y como él se tenía que ir nos recomendó visitar una isla que estaba justo enfrente de la ciudad, así que cogimos otro barco, éste mucho más pequeño, y estuvimos visitando la isla. Además había justo una exhibición aérea que se vio con muy buena perspectiva.
Había bastantes turistas y pudimos empezar a poner en práctica los consejos que habíamos obtenido de nuestros anfitriones, en este caso, el de recoger latas y devolverlas en el supermercado. Así empezamos a ahorrar a la hora de la compra.
Había bastantes turistas y pudimos empezar a poner en práctica los consejos que habíamos obtenido de nuestros anfitriones, en este caso, el de recoger latas y devolverlas en el supermercado. Así empezamos a ahorrar a la hora de la compra.
La capital de Finlandia nos agradó, es bastante tranquila, aunque tampoco tiene nada demasiado especial que visitar. Lo que más nos gustaba es que tiene mucho verde y está rodeada de bosques y montes a los que puedes llegar en bici. Era un paisaje bastante diferente de lo que estábamos acostumbrados a ver.
Esa misma tarde llegaban unos franceses a casa de Ángel a los que también iba a acoger. Nos ocupamos de recibirles. Eran un hombre y dos mujeres de unos sesenta y pico años, que también eran cicloturistas, pero con los que no conseguimos entendernos muy bien. Llevaban las bicicletas reclinadas, así que las estuvimos echando un ojo, que nunca habíamos visto ninguna de cerca.
Al día siguiente continuamos nuestro viaje hacia Karjalohja. El paisaje era ondulante y pasamos el día una vez más en la montaña rusa. Pero las carreteras estaban en buen estado y eran muy tranquilas. Íbamos rodeados todo el rato de verde y naturaleza. La verdad que era agradable.
En Karjalohja habíamos decidido hacer nuestra primera parada del viaje en una casa dedicada a la permacultura, cambiando el alojamiento por trabajo e intercambiando conocimiento con nuestro nuevo anfitrión, Mike. Cuando llegamos sólo estábamos nosotros. Mike había comprado la casa, con bastante terreno, a medias de construir y estaba terminándola para después volver a venderla. Era un tipo de inversor y tenía dos socias, una de las cuales, Lotta, vivía allí con él y era muy auténtica y campestre. Mike es un hombre muy peculiar, con un carácter extravagante. Por lo visto se dedicaba al teatro.
Cuando llegamos nosotros estaba en proceso de construir un balcón y estuvimos ayudando en su construcción, así como también en algunos trabajos de jardinería, en los que encontré una víbora.
¡Bienvenidos al país de los animales peligrosos! Mike nos advirtió de las víboras, las garrapatas, los mosquitos y otros insectos peligrosos del país. Por lo visto habíamos tenido suerte porque ese año había durado mucho el frío y la nieve y los mosquitos llegaban más tarde. De hecho, supimos que la pareja de italianos que conocimos en Tallin, Mateo y su tío, abandonaron su viaje a causa del frío. Yo ya me estaba poniendo histérica, aunque a medida que pasaba el tiempo me iba acostumbrando a todos los animales que íbamos encontrando.
¡Bienvenidos al país de los animales peligrosos! Mike nos advirtió de las víboras, las garrapatas, los mosquitos y otros insectos peligrosos del país. Por lo visto habíamos tenido suerte porque ese año había durado mucho el frío y la nieve y los mosquitos llegaban más tarde. De hecho, supimos que la pareja de italianos que conocimos en Tallin, Mateo y su tío, abandonaron su viaje a causa del frío. Yo ya me estaba poniendo histérica, aunque a medida que pasaba el tiempo me iba acostumbrando a todos los animales que íbamos encontrando.
Volviendo al tema de la casa, nuestro primer trabajo fue vaciar el baño seco, que estaba en malas condiciones después de una fiesta. La verdad que no nos importó realizar esa tarea. Era la primera vez que veíamos un baño seco y nos interesaba aprender su funcionamiento. Mike nos explicó que las casas fuera de las poblaciones no tenían acceso a saneamiento público y tenían que ser autosuficientes en ese aspecto. Fue una grata sorpresa descubrir que la casa también contaba con sauna. Mike también nos enseñó comida típica: probé el reno por primera vez en mi vida, descubrimos el porridge (puré de avena al que podías añadir cualquier cosa) para el desayuno, y también probamos la tortilla de ortigas y multitud de ensaladas de la flora que había por allí, porque huerto como tal, no existía. También descubrimos el chaga, gracias a Colin (un poco más adelante os lo presento), un enamorado de los hongos. Resulta que, sobre todo en los bosques de Laponia, pero en general en climas muy fríos y donde hay muchos abedules, crece un hongo en sus troncos que los mata, pero tiene propiedades medicinales para el hombre y se puede hacer té con ellos. Y la verdad tiene buen sabor, aunque no sabría compararlo con nada de lo que haya probado para daros una idea, es único. Su aspecto es como de madera, está duro y es marrón por donde está pegado al árbol y casi negro por la parte de afuera.
A los pocos días llegó otra pareja de canadienses, Colin y Marlee, que estaban de luna de miel dando la vuelta al mundo de mochileros. Y después llegó otra chica desde Tallin, Mirjam. Al ser más gente Mike empezó a enseñarnos su proyecto a todos a la vez. Muy cerca de la casa había un gran lago y fuimos en una barca paseando por el lago hasta una isla desierta. Se podía respirar la libertad y la tranquilidad.
La verdad que fue muy divertido y estuvo muy animado cuando éramos tantos. También usábamos la sauna y fue entonces cuando aprendimos más de ella y a usarla, por fin. Cuanto más la usábamos, más nos enamorábamos de ella. ¡Qué lugar tan relajante!
La verdad que fue muy divertido y estuvo muy animado cuando éramos tantos. También usábamos la sauna y fue entonces cuando aprendimos más de ella y a usarla, por fin. Cuanto más la usábamos, más nos enamorábamos de ella. ¡Qué lugar tan relajante!
Pero no debíamos olvidar que estábamos de viaje y a la semana decidimos continuar. Se nos hizo un poco triste la partida, pero aún teníamos mucho país por delante que descubrir.
Thomas, nuestro anfitrión en Tallin nos había aconsejado visitar las islas del suroeste del país y así nos lo propusimos partiendo en su dirección. Paramos en Turku, donde nos acogió Srikar, ¡un indio que había acabado en Finlandia! También nos parecía muy interesante descubrir cómo gente de lugares tan opuestos habían acabado aquí y cómo veían ellos la cultura y las costumbres. Nos preparó una cena hindú muy rica y estuvimos charlando con él. En su casa también descubrimos que en Finlandia los baños están dotados de una manguera con la que limpiarte sin necesidad de usar papel higiénico. Es increíble la de formas diferentes que existen para lo mismo.
A la mañana siguiente continuamos rumbo al archipiélago, pasando por Naantali, un pueblo lleno de casas de madera, muy finlandés.
En el archipiélago, comenzamos la travesía por las islas entre puentes y ferrys, que las unen. Se hacía ameno. Todo seguía tremendamente verde, la verdad es que es sorprendente, aun así teníamos días soleados con temperaturas agradables. Un junio de tiempo suave, aunque ya nos había llovido mientras estábamos con Mike. Lo cierto es que, seguíamos disfrutando de inmejorables atardeceres entre bosques y agua.
Al día siguiente se acabaron las islas y continuamos rumbo al norte siguiendo la costa occidental del país. La primera población que encontramos fue Rauna, otra ciudad con las típicas casas de madera. Ya nos estábamos haciendo a estas construcciones. La casa que construía Mike es de este tipo. Nos comentó que la mayoría son de color rojo porque utilizan una pintura natural a base de arcilla, para recubrir y proteger la madera. Desde luego, que son especialmente bonitas.
Al llegar a Pori nos acogieron Tomi y Enrica. Una vez más pudimos aprender cosas de locales. Esta vez pude probar el salmón cocinado por Enrica. Cada vez agradecíamos más todo lo que nos aportaba la gente con la que compartíamos tiempo, conversaciones, mesa... En esta ciudad las edificaciones ya habían cambiado. Es más majestuoso, con grandes edificios de piedra y ladrillo.
Como en Finlandia está permitida la acampada, pasamos también unos días acampando, aunque justo por esta zona de la costa es donde más apiñadas están las casas de segundas residencias y no se hacía demasiado fácil encontrar buenos sitios. No había demasiado que visitar, pero nuestro viaje seguía transcurriendo tranquilo. Pasamos por Vaasa, ciudad parecida a Pori en cuanto a edificaciones, sin nada especialmente reseñable.
En Jakobstad tuvimos la suerte de ser acogidos por Gham, un estudiante llegado de Camerún. La verdad que, a pesar de que me parecía lo más extraño del mundo, había una gran comunidad de africanos en esta ciudad. Deben de tener buena relación erasmus. Cuando llegamos a casa de Gham había bastantes amigos suyos. Eran todos muy risueños. Yo no dejaba de preguntarles si no se morían del frío y no me explicaba cómo habían elegido Finlandia para irse a estudiar. Nos prepararon una cena típica de su país y comimos como lo hacen ellos, con las manos. Estábamos encantados de recibir tanta diversidad cultural en nuestro camino.
También aprovechamos nuestra estancia en esa ciudad para hacer una visita recomendada por Aldis. Pasamos por la fábrica de complementos para la bici, de la marca Herrmans, que nos estuvieron enseñando por dentro. Fuimos acompañados por Gham, que también puso bastante interés en el tema. Aldis había elegido estas luces para las bicicletas que estaba creando y la verdad nos parecieron buenas. Nos explicaron un poco su proceso de elaboración y sus diferentes productos. También nos dijeron que eran de calidad y que apostaban por producirlos en su país en vez de en China, pero que solo podían competir con el resto de marcas porque contaban muy pocos empleados, casi todo estaba robotizado. Entonces nos preguntamos si es mejor llevarse las fábricas a China o comprar los robots...
Después de haber visto sus productos y manera de fabricarlos y con un pequeño regalo, que dejamos a nuestro anfitrión, abandonamos la ciudad.
Después de haber visto sus productos y manera de fabricarlos y con un pequeño regalo, que dejamos a nuestro anfitrión, abandonamos la ciudad.
Seguíamos sin tregua rumbo al norte. Cada vez se notaba más que los días se hacían más largos y daba más gusto acampar. Por primera vez vimos unos de los refugios de los que nos habló Thomas. Nos recomendó una página donde buscar los ‘laavu’ (refugio en finlandés), que por lo visto son muy comunes en el país. Estos refugios están construidos con madera y tienen tres paredes. Y en medio de un bosque encontramos el primero. Probamos a meter la tienda de campaña dentro, pero no era tan espacioso y acampamos justo al lado. Pero estaban bien para pasar días lluviosos y ni te cuento para el invierno.
Una tarde buscando un sitio para acampar estábamos a las afueras de un pequeño pueblo. Había chiquillos en moto, a lo cual ya nos habíamos acostumbrado. Debe ser normal que en Finlandia los chavales se mueven en moto y cuanto más tarde, más ruido hacen.
Total, que Miguel vio unos cubos de la basura al lado de un supermercado y abrió uno. Él ya lo había leído y simplemente probó a ver, pero cuál fue mi sorpresa al ver los cubos absolutamente llenos de comida. Tenían la comida que iba a caducar pronto o que caducaba ese mismo día. ¡Había salmón ahumado noruego! No me lo podía creer cómo podían tirar tantas cosas. Lo mismo daba su precio o lo que fuera. Nosotros hicimos acopio de comida. Por supuesto, me pasé varios días comiendo salmón ahumado.
Pero nunca me había hecho a la idea de todo lo que podían tirar los supermercados hasta que vi aquéllos cubos. Era sólo la comida de un día, es decir, que eso se repetía todos los días. Todos los días cubos enteros de comida que se podría aprovechar. Miguel dijo que en los países escandinavos eso era normal. Así que probablemente conseguiríamos comida gratis en bastantes ocasiones. Ya teníamos dos modos de reducir gastos: recogiendo y devolviendo las latas y cogiendo la comida de los cubos de basura. Y a lo mejor al leer cubo de basura alguien podrá pensar en algo asqueroso, pero ni estaban sucios ni siquiera olían mal. Tenían los productos perfectamente envasados. Y si se trataba de productos frescos los metían en bolsas para que no entraran en contacto con el cubo.
Pero nunca me había hecho a la idea de todo lo que podían tirar los supermercados hasta que vi aquéllos cubos. Era sólo la comida de un día, es decir, que eso se repetía todos los días. Todos los días cubos enteros de comida que se podría aprovechar. Miguel dijo que en los países escandinavos eso era normal. Así que probablemente conseguiríamos comida gratis en bastantes ocasiones. Ya teníamos dos modos de reducir gastos: recogiendo y devolviendo las latas y cogiendo la comida de los cubos de basura. Y a lo mejor al leer cubo de basura alguien podrá pensar en algo asqueroso, pero ni estaban sucios ni siquiera olían mal. Tenían los productos perfectamente envasados. Y si se trataba de productos frescos los metían en bolsas para que no entraran en contacto con el cubo.
Otra cosa que hacían los supermercados era poner el producto más barato cuando se acercaba la fecha de caducidad y si nadie lo compraba a la basura. ¿Y no se puede hacer mejor el cálculo? De verdad que no lo entiendo y que me impactó muchísimo aquella imagen.
Con nuestros nuevos recursos continuamos viaje hacia el norte. En Oulu nos alojó Janne, un chico que había hecho de guía por Finlandia de Fran Ventura, otro español con un proyecto solidario llamado ‘El camino de Anántapur’. Janne le había llevado a ver a los Samis, los últimos indígenas de Europa. Nos fascinó la historia y también nos entró curiosidad por conocer a los samis. Así que Janne, nos recomendó un lugar para Laponia, donde los samis intercambian el ganado.
Al día siguiente continuamos viaje y seguimos entre bosques y agua. En uno de esos días nos encontramos una cabaña muy peculiar. Llamada Kotta en finlandés, esta cabaña es parecida a un tipi o a las cabañas de los indios: varios palos hacen una forma de cono.
Estaba construida con madera y tela blanco marfil. La puerta tenía una agarradera de cuerno de reno. Todo una pasada. Tenía un espacio para hacer fuego en el centro y bancos alrededor. Como era la hora de comer nos preparamos una buena comida a resguardo.
Puede que a muchos no les sorprenda, pero nosotros nos sentíamos como auténticos reyes, a la conquista de este inmenso país. Cada día nos aguardaban muchas aventuras y sorpresas que nos hacían no perder la ilusión en lo que estábamos haciendo.
Estaba construida con madera y tela blanco marfil. La puerta tenía una agarradera de cuerno de reno. Todo una pasada. Tenía un espacio para hacer fuego en el centro y bancos alrededor. Como era la hora de comer nos preparamos una buena comida a resguardo.
Puede que a muchos no les sorprenda, pero nosotros nos sentíamos como auténticos reyes, a la conquista de este inmenso país. Cada día nos aguardaban muchas aventuras y sorpresas que nos hacían no perder la ilusión en lo que estábamos haciendo.
Y entre bosques y cabañas pusimos fin a toda la zona sur de Finlandia, a punto de llegar a Laponia.
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