Noruega: vuelta a tierra firme

Tras estos días como turistas de lujo, llegamos a Trondheim a las 6:30 de la madrugada. 


Cuando bajamos a por las bicis vimos que habían tirado nuestros sacos por el suelo y que las equilibraban poniendo nuestras frágiles esterillas entre ellas. Nos fastidió bastante el trato y fuimos a quejarnos a recepción, donde habíamos pagado diez euros por cada bici dos días antes para recibir ese trato, aunque tampoco sirvió de nada. Ni siquiera una disculpa. Pero bueno, ya se sabe cómo es esta sociedad. Si hubiéramos llevado un Ferrari, seguramente nos lo habían tratado mejor y si nosotros hubiéramos ido vestidos de marca oliendo a pachuli pues también…
Así que allí estábamos en el puerto de Trondheim con la rueda desinflada una vez más. Fuimos a la información turística en busca de las tiendas de bicis, porque esa es otra. La rueda que habíamos pedido por amazon no había llegado y ponía que tardaría quince días. Necesitábamos un milagro, pero ya. Encontramos una tienda donde vendían bicis de paseo con la misma rueda que necesitábamos. Pero claro, tenías que comprar la bici entera. No había recambios. No sabíamos cómo rogar al hombre que nos vendiera la rueda, pero nada. Al final, el hombre salió del almacén con una que no era exactamente la misma medida ni la calidad que buscábamos, pero era lo mejor que habíamos encontrado en todo el país. Y sirvió. Como tampoco tenía cámaras de aire fui a otra tienda a buscarla mientras Miguel desmontaba la rueda. El chico que me atendió me dijo que no tenían. Menos mal que llevaba las medidas y las encontré yo sola. Parece ser que en verano contratan estudiantes en las tiendas y no tienen muchos conocimientos de lo que venden… 
En fin, volví con la cámara y montamos la rueda, por fin. Queríamos irnos ya de Noruega y olvidarnos de los barcos por una temporada. Después de tanto tiempo, tener la rueda que necesitas delante de las narices y no poder comprarla. ¡Qué rabia! 
Fuimos a comer a la plaza, donde la gente se amontonaba al sol con comida rápida. Lo curioso es que había muchas rumanas pidiendo, pero no como las de España, allí iban vestidas de terciopelo con joyas, pintadas y arregladas. Era muy chocante verlas y era la primera vez que veíamos gente pidiendo en la calle en un país nórdico. También aprovechamos para visitar la zona antigua de Trondheim, que fue lo único bonito que había por allí.

Por la tarde llegamos a casa de Gonzalo, que nos recibió muy amablemente, a pesar de los nervios que tenía porque había perdido su cartera con todo dentro. Por suerte, lo suyo también se acabó solucionando. Gonzalo tenía un año de contrato de trabajo allí y ya hablaba muy bien el noruego, con lo difícil que parece. Conocimos también a un compañero suyo de piso que hacía malabares. Y cuando se acercaba la hora de cenar llegó Andrey, un ruso al que también acogía y que nos preparó comida típica rusa, Ragu. Él era de la Rusia siberiana, ahora Kazajistán y hablaba español, que aprendió cuando viajó a dedo durante tres años por Latinoamérica.

Al día siguiente preparamos nosotros la comida. Nos despedimos de nuestros nuevos amigos y partimos sin más demora alejándonos poco a poco del país que más alegrías y tristezas nos había dado hasta ahora.
La ciudad era bastante grande y tardamos un rato hasta salir. Un poco antes, paramos para ir al baño en un centro comercial. Cuando salía una mujer se acercó y me dio un tupper con una hamburguesa. Nos dijo que trabajaba en un restaurante y que siempre se llegaba comida, así que la aceptamos para la cena. Nos dejó muy sorprendidos, aunque ya nos había dicho Damir, que en Noruega, la gente le paraba y le regalaron un montón de chocolate. Aun así, nos chocaba.
Por la noche, al mirar en un supermercado vimos a una mujer que venía de los cubos y había llenado el maletero de su coche. Pensamos que igual en esa ciudad había más gente necesitada. Una vez más, abrimos y los dos cubos estaban a rebosar de comida en perfecto estado y eso que la mujer ya había cogido su parte. Miguel no pudo resistirse más a hacer una foto.

Había hasta helados. Lástima que ya estuvieran derretidos. De verdad, que aunque para nosotros ya era habitual mirar los cubos de los supermercados no dejaba de sorprenderme día tras día de toda la comida que se tiraba.
Buscamos un sitio para acampar en una cabaña al lado del río que seguiríamos hasta el paso de la frontera. Por la mañana temprano, empezaron a llegar pescadores, que nos despertaron, pero siguieron a lo suyo. Miguel descubrió que el cubo de la basura estaba lleno de latas y las cogimos para el retorno antes de pasar la frontera.
En este último tramo, encontramos una báscula de pesar camiones y nos subimos con nuestras bicis a ver cómo íbamos de peso. Hacíamos un total de 120 kgs cada uno, es decir, que transportábamos aproximadamente nuestro peso en equipaje. Un dato por curiosidad.

Teníamos que seguir el valle del río de pescadores, que transcurría a nuestro lado con algunos parajes especialmente bonitos. Y cada vez se empinaba más aquello. Menos mal que había muchos sitios donde parar a descansar. Parece que salir de Noruega nos iba a costar mucho más que llegar. Aun así, pusimos rumbo ascendente a Suecia, la cual pensábamos atravesar rumbo sureste para llegar a su capital. 

Conclusiones

Entramos con buen pie en Noruega, gracias al chico sami. Los paisajes me fascinaban, a mí mucho más que a Miguel, que había estado en Islandia. Al poco vimos la nieve en pleno julio. Era muy emocionante. Entonces no teníamos ni idea de lo duro que sería llegar hasta Cabo Norte con el famoso túnel y con la rueda rota. Tampoco sabíamos que probaríamos la mitad de la flota del correo Noruego y que descubriríamos que los cruceros no son lo nuestro. Pero tuvimos la oportunidad de navegar entre los fiordos y ver los espléndidos paisajes desde el mar.
Lo cierto es que no habíamos tenido mucho contacto con los noruegos y sus costumbres, aparte de con los dependientes de tiendas de bicicletas, pero volveremos, que tenemos paso obligado por Bergen. Aun así, nuestra sensación era de que su cultura volvía a ser muy diferente a la nuestra, que eran muy poco habladores, como habíamos comprobado en varias escenas, pero que intentaban ayudarte en lo que ellos creían, como dándote comida por la calle.
Han sido dos semanas de emociones intensas, de sentimientos contrapuestos, de emoción, magia, alegría… pero también de desesperación, tristeza, rabia, frustración…
Veremos qué cosas descubrimos a la vuelta.

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