Dinamarca
Subimos al barco, despidiéndonos, al fin, de Noruega.
Este barco era diferente a los barcos del correo. No tenía salones y los pasajeros que no disponíamos de camarote, teníamos que dormir en una sala llena de butacas como de cine. Así que como la mayoría de butacas estaban libres, cada cual se agenció un espacio de suelo y por allí nos tiramos a dormir.
Cuando amanecimos, ya habíamos llegado a Dinamarca, al puerto de Hirtshals. Y no os imagináis el cambio tan grande. De repente, los bosques y lo verde en general, habían desaparecido y todo volvía a ser completamente llano y campo de cultivo.
Cuando salíamos del puerto encontramos a un hombre alemán, que también iba en bicicleta y paramos a hablar con él. Nos dijo que tenía un velero, con el que quería dar la vuelta al mundo y estuvimos hablando de la educación alternativa.
Al rato, nos despedimos y pusimos rumbo al sur por la parte este del país.
En Suecia, nos dejamos por visitar Gotemburgo, después del agobio de Estocolmo, y en Dinamarca nos pensábamos dejar Copenhague, porque suponía mucha vuelta y no queríamos tardar demasiado en llegar a España, pues la abuela de Miguel estaba esperando para una operación.
Este primer día llegamos hasta Langholt, donde nos acogían Jorgen y Edith. Vivían en una granja con patos, gallinas, un gatito negro y ovejas negras. También tenían un huerto. Vivían con sus dos hijas. Nos estuvieron enseñando los animales que tenían. La verdad que se les veía felices.
Estuvimos conversando de nuestros viajes en bici y Jorgen nos enseñó las bici reclinada, que se había construido él mismo, a su gusto. ¡Es una auténtica pasada!
Nos hemos sentido como en casa con ellos y hemos repuesto energías. También nos contó que había construido un refugio para viajeros cerca de la casa, ya que en Dinamarca la acampada libre está prohibida. ¡Qué gran corazón!
Al día siguiente seguimos rumbo al sur y por el camino nos pasó algo que nos emocionó. Resulta que paramos en un supermercado y vimos que salía una trabajadora a los cubos de basura con tarrinas de helado. Nos acercamos y estaban llenos de helado.
Cuando volvió a salir la mujer, le preguntamos por qué estaba tirando tantos helados. Nos dijo que se había roto la cámara frigorífica y habían perdido la cadena de frío. Le dijimos si nos podíamos llevar uno y nos dijo que sí, así que nos pusimos finos de helado ese día.
La arquitectura de los edificios por esas zonas rurales es preciosa. Tienen los tejados vegetales y bonitas vigas de madera. Pero el paisaje alrededor consistía en campos de cultivo hasta donde alcanza la vista.
Esa noche nos alojaba Henriette, una mujer vegana. Nos comentó que muchos de los alimentos que comía vienen de Almería. Le explicamos que en Almería está el mar de plástico y que allí se producen muchos de los alimentos que se distribuyen por Europa. La verdad es que le dimos un gran disgusto. Pero nuestra estancia con ella fue muy agradable. Por nuestra parte, aprendimos que el agua de Dinamarca está muy contaminada por los tóxicos que echan a los cultivos, ya que como el país es tan llano, todas las zonas rurales están llenas de campos de cultivo. Así que tienen que importar el agua desde Noruega. Desde luego que ningún país es perfecto…
Miguel es vegetariano, pero nosotros creemos que lo mejor no es dejar de comer carne, ya que el modelo agrícola no es mucho mejor que el de la carne, sino comer cosas locales, parecido al modelo de Debby, por ejemplo. El problema, al final, está en todos los kilómetros que recorren los alimentos y en que ya nadie sabe qué alimentos son de temporada. Hoy en día, comemos de todo en cualquier época, y así pasa, que necesitamos, por ejemplo, grandes invernaderos como los de Almería, que produzcan tomates y verduras todo el año.
Al día siguiente, pasamos por Randers, una pequeña ciudad con mucho encanto. Las edificaciones antiguas son preciosas y tiene un jardín botánico muy curioso también. A la tarde, llegamos hasta Aarhus, una ciudad más moderna. En el puerto, encontramos unas esculturas de unos hombres trabajando, muy realistas y chulas.
Dormimos al sur de la ciudad, en un parque que tenía refugios. Algunos ya estaban ocupados por gente sin techo, y nosotros nos pusimos en uno vacío. Por primera vez lo usamos sin la tienda de campaña.
A la mañana siguiente, encontramos un edificio para espacio común, que estaban construyendo con forma geodésica. También estuvimos visitando el jardín botánico, que tenía muchas plantas desérticas y tropicales.
Continuamos viaje y ese día también encontramos refugios en un club de pesca, en Vejle. El club estaba cerrado, así que allí pasamos la noche nosotros solos.
Todos los días nos encontrábamos edificaciones chulísimas con tejados vegetales o hechos con cañas.
Ese día, estuvimos visitando Kolding, una ciudad con mucho encanto también. Estamos fascinados con la arquitectura danesa. Kolding tiene un castillo enorme. También estuvimos paseando por la orilla de su lago y disfrutando las vistas y la tranquilidad.
Este día acabamos durmiendo en un refugio particular. Al llegar a Dinamarca, Jorgen ya nos dijo que en este país, había muchos refugios porque la acampada estaba prohibida como tal y que había gente que los construía para uso público.
Como el refugio se encontraba en el jardín de una casa, nos daba cosa ponernos allí sin más, y fuimos a preguntar si podíamos usarlo. El hombre nos dijo que sí y nos pidió firmar en el libro de visitas, que se llevaba bastante en este país, pues Jorgen también nos pasó el libro para dejarle el recuerdo, además hacía fotos a sus huéspedes antes de partir y después las iba añadiendo.
Aabenraa fue la última ciudad por la que pasamos en nuestro camino a la frontera. No tenía nada muy especial. La curiosa arquitectura del país.
En Krusa, el último pueblo, devolvimos las latas y nos gastamos las últimas coronas danesas, volviendo al euro para el resto del viaje.
Conclusiones
Dinamarca es un país completamente llano. En lo rural, lo más fácil de encontrar es campos de cultivo interminables.
Lo que nos ha llamado muchísimo la atención es la arquitectura tan peculiar de este país. Tienen muchas casas de vigas y estructuras de madera, con tejados vegetales o de cañas.
Su carácter es afable y acogedor.
Y les encanta el dulce. Viniendo de Noruega, donde el dulce es un bien de lujo, en este país el dulce es indispensable.
También hemos descubierto un país muy comprometido con la bicicleta, con bastantes carriles bici. Incluso, encontramos algún punto de aire para las ruedas.
Veamos qué tal nuestra vuelta a Alemania…
Comentarios
Publicar un comentario