Países Bálticos: Estonia

Pronto dejamos la costa atrás para adentrarnos en el interior de Estonia. 

El primer día en este país lo pasamos junto al mar. Pudimos encontrar una estampa aún mejor que la del día anterior en Letonia. Nos atrajo la atención una playa muy zen, llena de piedras redondas que continuaban hacia el mar. Había también algunos cisnes y el mar Báltico, todo calmo, hasta el horizonte. Aprovechamos para capturar el momento y llenarnos de esa paz interior para adentrarnos en las profundidades del país.

Este país lo atravesamos rápido hacia la capital. Tuvimos un día bastante duro y largo. Habíamos comenzado tarde y nos iba a acoger una pareja en Kohila, muy cerca de Tallin.
Teníamos que atravesar casi todo el país antes que se nos hiciera demasiado tarde. Por primera vez desde que salimos habíamos conseguido hacer 131 kms en un solo día. Cuando llegamos a casa de Madis estábamos exhaustos. Habíamos pensado en decirle que se nos había hecho tarde y aún estábamos lejos y que al final íbamos a acampar, pero al ir a escribirle, descubrí que nos había mandado un email diciendo que había preparado la sauna para nosotros y no podíamos ahora hacerle el feo, así que tuvimos que hacer de tripas corazón y llegar como fuera. 
Cuando llegamos efectivamente, nos recibió Madis y nos dijo que tenía la sauna lista para nosotros. Tenían la casa principal, donde vivían y justo al lado un pequeño apartamento, que solía usar de oficina, pero también como habitación de invitados y donde se encontraba la sauna.
Le comentamos que jamás habíamos estado en una sauna y que no sabíamos usarla. Nos dijo que sentiríamos cuando necesitábamos echar agua y se marchó. Así que allí nos quedamos con la sauna recién preparada y sin saber qué hacer con ella… Finalmente nos metimos y echábamos un poco de agua a las rocas de vez en cuando. Creo que aguantamos bastante, aunque por poco nos deshidratamos. La verdad que en Estonia es muy común usar las saunas y que la gente las tenga en su casa, pero para nosotros era completamente nuevo. Aun así notamos rápidamente sus efectos y descubrimos el invento del siglo. ¿Cómo podíamos haber vivido hasta entonces sin haber pisado una sauna?
A la mañana siguiente Madis nos acompañó un buen tramo por el carril bici que llevaba a Tallin. Fue muy agradable y tranquilo ir acompañados y charlando con él, acercándonos un poco más a la cultura estonia. Desde luego que había merecido la pena el atracón de kilómetros del día anterior. Además ahora nos quedaban muy pocos para llegar a la capital.
En Tallin nos esperaban Thomas y Kristina, que aunque estaban bastante liados esos días no dudaron en acogernos en su casa. Thomas es finlandés, y aunque normalmente eran las estonias las que se iban a Finlandia con sus amados, esta vez fue él el que cambió su país de residencia. Y ya que conocían bastante bien el ferry que unía las capitales de los dos países nos ayudaron para coger los tickets. Descubrimos que Tallin es la ciudad del chocolate y aprovechando que teníamos que mandar un paquete a casa con cosas que no necesitábamos, decidimos mandar también unas cajas de bombones. Otra de las cosas que hicimos fue cambiar la cadena de mi bici, que iba muy suelta ya y en la tienda, que Thomas nos había recomendado, nos enseñaron la manera que tienen nuestras bicis para tensar la cadena, que más adelante seguro nos será de utilidad.

También tuvimos tiempo de visitar la ciudad, aparte de la tienda de chocolates. Vimos la muralla y también nos dimos cuenta que era la ciudad más turística de los países bálticos, lo cual nos entristeció un poco. Nos habíamos hecho ya a las ciudades tranquilas y aquello era un sinfín de paraguas de colores seguidos con gente de todas nacionalidades. Había un mercado medieval con cosas chulas y precios para turistas. En fin, la típica ciudad turística donde paran los cruceros y la gente corre apabullada detrás del paraguas del color que le hayan indicado.
A última hora de la tarde parece que se despejó un poco de gente y estuvimos paseando tranquilamente por la muralla, donde nos encontramos unos españoles.

Cuando ya bajábamos de vuelta a casa nos pararon un par de italianos, preguntándonos si éramos cicloturistas. Resulta que ellos también eran cicloturistas. Mateo viajaba con su tío y también se dirigían a Finlandia, pero ellos pensaban atravesarla por el centro en plan supervivencia y nosotros queríamos viajar por la costa, más tranquilamente. Aun así tuvimos una agradable conversación con ellos e intercambiamos los teléfonos para mantener el contacto.
Volvimos a casa y nos preparamos. Al día siguiente debíamos coger el ferry y llegar a un nuevo destino y un nuevo país.


Conclusiones

Según ascendíamos desde Polonia también nos íbamos dando cuenta de que cada país que atravesábamos era un poco menos pobre que el anterior y sus precios más elevados, y algo tenía que ver en eso su calidad de vida y sobre todo su felicidad. Nos íbamos dando cuenta que cuanto más tenían y más caro era todo más tristes se veían las caras de la gente y más estresados, aunque eso no quitaba para que su trato siempre fuera muy agradable y acogedor. Habíamos estado alojados en casa de gente muy humilde, que compartía todo lo que tenían con nosotros con la sonrisa más grande del mundo. También con gente en mejor posición económica, pero sentirte en casa en una casa de alguien que ni conoces es algo increíble. Poco a poco nos íbamos dando cuenta de las cosas que más nos gustaban y que agradecíamos día a día.
Tuvimos la gran suerte de descubrir por primera vez en nuestra vida la sauna. ¡Y menudo descubrimiento! 
En general los países bálticos nos han dejado un gran sabor de boca. ¿Qué tendrán para enseñarnos los países nórdicos?

Comentarios

Lo más visitado

Noruega: vuelta a tierra firme

Tipos de bicicletas y carácterísticas

Luxemburgo

Equipaje y distribución sobre la bici

El dilema de acampar