Los Países Bálticos: Letonia

Casi cumplido nuestro primer mes de viaje pasábamos la frontera de Letonia, sin que pueda faltar la típica foto. Nuestro quinto país en un mes. ¡Vaya ritmo!


Este primer día transcurrió tranquilo. Lo más complicado se nos hizo acampar, pues estábamos en una zona en la que había muchos humedales y habían vuelto a aparecer las culebras. Cuando había caído la tarde vimos una casa a medio construir y abandonada que nos parecía un buen lugar para acampar, pero según nos paramos en el camino empezamos a escuchar ladridos de perros, que parece que no se cansaban de alertar que había intrusos, así que decidimos avanzar un poco más. 
La verdad que no encontrábamos ningún sitio y se nos empezaba a hacer tarde. Sólo había un trozo de bosque con una hierba muy alta. Me entró el pánico por si pudiera haber alguna culebra por allí. Así que, le tocó a Miguel apisonar todo para hacerme ver que allí no había nada y finalmente allí dormimos.

Y menos mal, que al día siguiente la carretera empeoraba y los campos seguían llenos de humedales. Pronto llegamos a Kuldiga, donde ese día nos alojaban David y Kase. David es un francés que había estado unos años de vida nómada en bicicleta. Nos estuvo contando sus experiencias y que lo había dejado al conocer a Kase, con la que pronto se casaría. Había aprendido español cuando viajó por nuestro país, ya que mucha gente en los pueblos no sabía inglés. Nos dio también algunos trucos para nuestros futuros países, como que en Finlandia te devuelven dinero si retornas las latas y como por las carreteras hay muchas, si las puedes coger luego te sale la compra más barata. Nos enseñó mucho sobre la vida nómada.

Al día siguiente, después de haber visto la amplia catarata de Kuldiga, continuamos viaje rumbo a Sabile, la capital de los gitanos de Letonia. Nos atraía lo que habíamos descubierto de ese lugar, pero nos decepcionó un poco. Allí se podía visitar el viñedo más al norte de Europa. 
El día estaba un poco lluvioso y seguimos camino hacia Turkus, solicitando alojamiento temiendo que se pusiera peor. Entre tanto encontramos al primer cicloturista que viajaba en nuestra misma dirección. Él era alemán e iba camino de San Petersburgo, pero en esos momentos seguía nuestra misma ruta. Como él se iba a alojar en un hotel y como Daina había aceptado nuestra solicitud nos despedimos de él. Resultó que casi no conseguimos contactar con ella, porque al final pensaba que era demasiado tarde para que llegáramos y como no sabíamos el piso en el que vivía ni teníamos su número de teléfono nos habíamos quedado a la puerta del portal. Al final salió y nos abrió. Daina es una mujer jubilada que no se metía mucho en internet y había dado la casualidad que ese día vio nuestra solicitud. No hablaba mucho ni muy bien inglés, pero podíamos hablar perfectamente con ella. Nos contó que su nombre significa buena suerte y para nosotros tuvo mucho sentido. También dijo que su hija vivía en Suiza y que muchas veces estaba de viaje para ver a sus nietos. Parecía una mujer muy humilde, pero aun así nos preparó de cenar. Creemos que lo que más falta le hacía era la compañía, al tener a su hija tan lejos. 
Por la mañana nos había preparado también el desayuno y nos agradecía la conversación. La verdad es que es una mujer agradable y nos dio mucha pena volverla a dejar sola. 
Nos pusimos de nuevo en camino y paramos a ver un museo que nos había recomendado Daina. Era una fortaleza donde estaban los utensilios que usaban para construir las carreteras a principios del siglo XX. Estuvo interesante. Al tomar la carretera de la costa volvimos a encontrar al cicloturista alemán del día anterior. Él iba más lento que nosotros así que al rato le despedimos. 
Aprovechamos para comprarnos los sombreros de pescadores antimosquitos, que también nos recomendó David, ya que en Finlandia seguramente los necesitásemos. No perdimos más tiempo y seguimos rumbo hacia la capital. Yo había estado justo ese año con los compañeros del conservatorio y me había encantado y esta segunda vez no esperaba menos.
Llegamos hasta casa de Aldis, donde estaríamos alojados en nuestra estancia. Aldis es un australiano, hijo de letones, que se había mudado desde Australia a Riga. Nosotros íbamos a ser sus primeros huéspedes. Estaba en el proyecto de crear una empresa que vendiera bicicletas de cicloturismo, así que le ayudamos en lo que pudimos haciendo algún cuestionario. Él también se había recorrido Europa de punta a punta. Pero su estilo de viaje era de supervivencia por lo que vivía entre bosques acampando y se lo hizo en muy poco tiempo. Nos enseñó un montón de trucos muy útiles de supervivencia. También nos mostró una colección de cucharas que había tallado en su viaje. De España tenía una de olivo. Nos pareció muy interesante. Y nos dijo que lo hacía con un cuchillo que se compró en Rovaniemi, Finlandia. 
A la mañana siguiente hicimos el free tour de Riga, ya que el de Vilnus nos había enseñado tanto, pero el chico que lo hacía no nos gustó demasiado y acabamos abandonándolo a mitad. Después, Aldis, nos hizo su propio tour en bici con trucos de supervivencia, que nos gustó bastante más. 

Esa misma noche llegaba otro cicloturista español, Mario, que también se alojaba en casa de Aldis. Estábamos emocionados. Aunque le gastamos una pequeña broma, haciéndonos pasar por extranjeros, pero estuvo guay compartir tiempo con él. 
Aldis nos recomendó visitar un parque natural al este de Riga, pero decidimos seguir ruta por la costa. Paramos en una playa donde no había ni olas. Qué calma, qué quietud. Parecía una piscina enorme. Así que decidimos acampar allí y quedarnos con toda esa tranquilidad antes de poner rumbo al siguiente país.

Conclusiones

Poco a poco teníamos contacto con algún cicloturista más en nuestra ruta, aparte de seguir conociendo la hospitalidad de adoptados de otras nacionalidades, así como de gente del lugar. Su hospitalidad nos iba mostrando cómo a cada uno le había llevado diferentes motivos para alojar a forasteros como nosotros, pero de todos siempre recibíamos un gran aporte y esperamos que nosotros también dejásemos nuestra parte.
Letonia también es un país muy acogedor, pero ya se iban notando diferencias con Lituania. Los precios de las cosas ya iban subiendo. Sin embargo, también podíamos encontrar parajes naturales preciosos.
¡Veamos qué tiene que enseñarnos Estonia!

Comentarios

Lo más visitado

Noruega: vuelta a tierra firme

Tipos de bicicletas y carácterísticas

Luxemburgo

Equipaje y distribución sobre la bici

El dilema de acampar